domingo 16 de septiembre de 2007

Momentos - I - Agua de lluvia

Llueve. Detrás de los párpados la lluvia se deshace en lágrimas y cae en goterones sobre los colores que cruzan la imaginación. La música le imprime movimiento a las tintas y va generando acuarelas que nadie ve, ni siquiera yo, obligada a imaginarlas. Me quedo laxa, incapaz de hacer el más mínimo gesto para atraparlas, sólo las dejo discurrir de derecha a izquierda. Escribo los colores. El verde y el azul se hacen mar donde se hunden mis pies. La arena corcovea lenta entre los dedos, hace pequeñísimos malabares y se deposita de nuevo en el fondo del caleidoscopio, para contarle otra historia al mago que observa atento detrás de la bola de cristal.
Otra vez el cristal, otra vez la lluvia. Golpea con sus dedos urgentes el piano plano de la ventana. Quiere introducir su propia melodía en este espaciotiempo de estar y no estar sentada donde estoy. Equivoca el ritmo, suena a percusión más que al plácido desenrollarse de Va pensiero. Insiste, quiere lavar las voces del coro con su pincel de acuarela, descubrirlas nítidas, brillantes, armoniosas. Elijo otras versiones: Pavarotti con Zucchero, Zucchero con Sinead O’Connor, Al Bano Carrisi, Iva Zanicchi, Milva, Russell Watson… y siguen los intérpretes.
Salgo a recorrer los alrededores de mi mundo, con reflejos de música y tañidos de color a medio camino entre el oído y la retina. La lluvia afina los sentidos y satura la percepción de los objetos. Con rasgos desnudos de polvo y sequía, las piedras se acomodan a la vera del mar para que las levante entre el asombro y el olvido. He visto en ellas mucho más que el tiempo que va de su nacimiento hasta mis manos. He visto sus entrañas y la escritura indescifrable de sus vetas. He visto el corazón y su latido, la densa lujuria de su oscuridad. He visto el beso que guardan en su centro para bienvenir la eternidad. Y mis palabras, en promiscua sucesión, intentando contarlo.