domingo 23 de septiembre de 2007

Rescates – III – Apuntes de Anatomía para el Tercer Milenio, o Esta boca es mía

Cuando en diciembre de 2006 recibí el mail “Anatomía”, remitido por mi amigo Tebu, antes de abrir el adjunto intuí que había llegado el momento que, en el fondo, siempre supe que antes o después llegaría. Y al abrirlo y leer las primeras palabras lo confirmé: allí estaban mis “Apuntes…”, ésos que me salieron de un tirón a fines de 1995, que se publicaron en la revista del CNSI como editorial del número de diciembre de ese año, con el título Apuntes de Anatomía para el 96 y mi firma. También lo imprimí y envié por correo o entregué en mano a mi gente como saludo de ese fin de año —por entonces el correo electrónico aún estaba en pañales, al menos en Argentina—. Muchos me llamaron para decirme cuánto los había emocionado su lectura, y hasta hubo quienes me pidieron permiso para fotocopiarlo y reenviarlo, permiso que jamás negué.
A fines del 2000, con la inspiración en baja, volví a elegir ese texto como saludo de año nuevo, cambiándole el título por Apuntes de Anatomía para el Tercer Milenio, que esta vez envié por e-mail. También, en varias ocasiones, lo mandé a distintos programas de radio y fue leído al aire.
¿Por qué cuento esto? No voy a negar que para mi ego fue una decepción no encontrar mi nombre al final del pps. Después de todo, si bien mis escritos personales no le dan de comer a mi cuerpo, aunque indudablemente sí a mi espíritu, algo de la individualidad reclama ser reconocido como propio.
Pero mis creencias espirituales van más allá de las circunstancias y me digo que bien puedo darle un buen par de cachetadas a mi ego para que se deje de joder y que ojalá esas palabras sirvan a quienes las lean para sentirse mejor y ser mejores personas. En la medida en que cada uno se sienta tocado por ese mensaje y trate de hacerlo suyo como propósito para los días por venir, sabré que mi granito de arena ha sido contado y está cumpliendo su función: la música que toca mi corazón empuja al Universo hacia adelante.

Apuntes de Anatomía para el Tercer Milenio

Que los PIES te lleven por el camino más largo hacia la felicidad, porque la felicidad son sólo puntos en el mapa de la vida, y el verdadero disfrute está en buscarlos.

Que los OJOS reconozcan la diferencia entre un colibrí y el vuelo que lo sostiene. Aunque se detenga, seguirá siendo un colibrí, y es conveniente que lo sepas, para que no confundas el sol con la luz, ni el cielo con la voz que lo nombra.

Que las MANOS se tiendan generosas en el dar y agradecidas en el recibir, y que su gesto más frecuente sea la caricia para reconfortar a los que te rodean.

Que el OIDO sea tan fiel a la hora del reproche, como debe serlo a la hora del halago, para que puedas mantener el equilibrio en cualquier circunstancia.

Que las RODILLAS te sostengan con firmeza a la altura de tus sueños y se aflojen mansamente cuando llegue el tiempo del descanso.

Que la ESPALDA sea tu mejor soporte y no la carga más pesada.

Que la BOCA refleje la sonrisa que hay adentro, para que sea una ventana del alma y no la vidriera de los dientes.

Que los DIENTES te sirvan para aprovechar mejor el alimento, y no para conseguir la tajada más grande en desmedro de los otros.

Que la LENGUA encuentre las palabras más exactas para expresarte sin que te malinterpreten.

Que las UÑAS crezcan lo suficiente para protegerte sin necesidad de lastimar a nadie.

Que la PIEL te sirva de puente y no de valla.

Que el PELO le dé abrigo a tus ideas, que siempre adornan más que un buen peinado.

Que los BRAZOS sean la cuna de los abrazos y no camisa de fuerza para nadie.

Que el CORAZON toque su música con amor, para que tu vida sea un paso del Universo hacia adelante.

Josefa La Porta - 29-XI-95


Queda claro entonces que el texto que antecede me pertenece, así como está, sin las “correcciones” que al mejor estilo juego-del-teléfono-roto, en las diferentes y sucesivas reproducciones, los copistas de ocasión le introdujeron sin darse cuenta, aunque en otros casos no me queda duda de que lo hicieron a sabiendas, pretendiendo ajustarlo al propósito, declarado o no, del espacio donde lo alojaron (léase sitios de iglesias cristianas de distintas orientaciones). Y me pertenece no porque lo haya comprado o pagado por él sino porque yo lo escribí, para bien o para mal. O lo que es lo mismo, para el halago o el cachetazo.
Por último, ruego encarecidamente que no le sea adjudicado a ningún autor conocido. Puedo soportar que aparezca por ahí como de autor anónimo o con un “desconozco el autor” al pie, pero sería una catástrofe para mi autoestima que Don Gabriel García Márquez salga a refutar su autoría manifestando "Lo que más me puede matar es la vergüenza de que alguien crea que de verdad fui yo quien escribió una cosa tan cursi", como lo hizo al referirse al poema “La marioneta”, que hace ya varios años está circulando en la web y se le atribuye en el contexto de un anuncio sobre su supuesta enfermedad y próxima muerte (ver http://www.rompecadenas.com.ar/marquez.htm).

domingo 16 de septiembre de 2007

Momentos - I - Agua de lluvia

Llueve. Detrás de los párpados la lluvia se deshace en lágrimas y cae en goterones sobre los colores que cruzan la imaginación. La música le imprime movimiento a las tintas y va generando acuarelas que nadie ve, ni siquiera yo, obligada a imaginarlas. Me quedo laxa, incapaz de hacer el más mínimo gesto para atraparlas, sólo las dejo discurrir de derecha a izquierda. Escribo los colores. El verde y el azul se hacen mar donde se hunden mis pies. La arena corcovea lenta entre los dedos, hace pequeñísimos malabares y se deposita de nuevo en el fondo del caleidoscopio, para contarle otra historia al mago que observa atento detrás de la bola de cristal.
Otra vez el cristal, otra vez la lluvia. Golpea con sus dedos urgentes el piano plano de la ventana. Quiere introducir su propia melodía en este espaciotiempo de estar y no estar sentada donde estoy. Equivoca el ritmo, suena a percusión más que al plácido desenrollarse de Va pensiero. Insiste, quiere lavar las voces del coro con su pincel de acuarela, descubrirlas nítidas, brillantes, armoniosas. Elijo otras versiones: Pavarotti con Zucchero, Zucchero con Sinead O’Connor, Al Bano Carrisi, Iva Zanicchi, Milva, Russell Watson… y siguen los intérpretes.
Salgo a recorrer los alrededores de mi mundo, con reflejos de música y tañidos de color a medio camino entre el oído y la retina. La lluvia afina los sentidos y satura la percepción de los objetos. Con rasgos desnudos de polvo y sequía, las piedras se acomodan a la vera del mar para que las levante entre el asombro y el olvido. He visto en ellas mucho más que el tiempo que va de su nacimiento hasta mis manos. He visto sus entrañas y la escritura indescifrable de sus vetas. He visto el corazón y su latido, la densa lujuria de su oscuridad. He visto el beso que guardan en su centro para bienvenir la eternidad. Y mis palabras, en promiscua sucesión, intentando contarlo.

jueves 6 de septiembre de 2007

Monólogos - I - Click

La aplaudís un poco, le decís un par de frases piolas y ahí nomás se sube al banquito y empieza a bailar con más ganas que antes. Es que ella es medio artista, viste? Medio nomás, porque el arte le sirve para alimentar el espíritu, pero para comer-comer tiene que laburar como una negra, tonces es artista de medio tiempo, o sea medio artista. Yo me cansé de invitarla al bingo, pero ella no quiere saber nada, dice que no le gusta, que prefiere quedarse leyendo. Y mirá que le decimos, que no se duerma, quel tiempo pasa y cuando se quiera acordar no va a quedar un candidato ni pa’ saber cómo eran. Todo el tiempo le decimos: buscate un buen muchacho, nimporta que sea muy mayor, si vos tampoco te cocinás al primer hervor. ¡Hay tantos tipos solos! Pero ¡nada! No hay caso. La verdá, no sé qué espera pa’ engancharse con alguien. Ella dice siempre que si no le hace click ni se molesta. Pero claro, si no se arrima a ninguno, por más click que le hagan no se va a enterar. Antes por lo menos te cabeceaban en la milonga, pero ésta encima ni siquiera va a bailar. Ayyy, a mí me preocupa tanto que el tiempo pasa y esta chica, nada che! Al paso que va, cuando le llegue el famoso click va a estar tan sorda que va a creer que le hace ruido la panza! Y en vez de hacerle los honores al candidato, se va a meter de cabeza en la heladera pa' engañar al estómago. Es que yo no las entiendo a las mujeres de la generación siguiente a la mía, y lo digo así porques la única forma de que sentienda… esto de las generaciones es como nuevo, viste? Antes no, antes había abuelas, madres e hijas… ah, claro, y las otras, las solteronas, ésas que tenían 150 años y se hacían llamar señorita, ésas que de hijas pasaban a tías y después a tías abuelas, como para no decirles tía vieja. En general llegaban cómodas a ser tías bisabuelas, y hasta tías tatarabuelas porque, como decían las madres y las abuelas, no se desgastaron criando hijos. Pero eso era antes. Creo que la mía fue la última tanda de mujeres hechas y derechas: o nos casábamos y llenábamos de hijos o nos dedicábamos a vestir santos. Claro que de estas últimas, parece que unas cuantas confundieron a los santos con los sacristanes. Y no faltó la que no encontró diferencias entre el sacristán y el cura. Y bueh, pero nosotras, que pasamos por el registro civil, que discutimos con nuestro marido civil y novio de iglesia en esas horas intermedias entre uno y otro acto, nosotras fuimos otra cosa. Nada de embarazarse y andar luciendo la panza al aire, ni hablar de peliarse con el padre de la criatura antes de que naciera. Noooooooo, nosotras firmes con nuestro padre-padrino, o en su ausencia, nuestro hermano-padrino, que nos llevó al pie del altar, donde nuestra inminente suegra esperaba toda durita, con peinado de peluquería y un olor a spray que te volteaba, si es que no se le había dado por hacerse la permanente ese mismo día y el olor era peor, a permanente con spray. Pero era otra cosa. Y ojo, nos casábamos para toda la vida, el divorcio era para los artistas y las pitucas! Y si a nuestro marido se le ocurría buscar afuera lo que tenía en casa… en fin, hacíamos de tripas corazón y nos aguantábamos el desplante. Ignorábamos la situación, total, como dice doña Nannina, “Los intereses pueden ser de ellas, pero el capital es mío”. Claro que no todas tuvimos la misma suerte. A mí, por ejemplo, me agarró el corralito: el Cacho, que era mi capital, se me piantó un día, se fue con otra, me dejó en banda, y ahí sí me tuve que hamacar lindo para que el Guille terminara la secundaria. ¡Ayyy, lo que me costó convencerlo de que hiciera una carrera universitaria! Menos mal, por lo menos por ese lado la cosa salió bien. Ahora tiene su estudio contable y me ayuda, porque la jubilación de la Caja no me alcanza para nada. Pero, no todo es felicidá, no te creas. No consigo que siente cabeza este chico. Vive trayéndome candidatas, me la paso cocinando para impresionarlas y nada, che!
¡Ahhh… si yo hubiera hecho lo mismo que lestoy recomendando a esta otra gila! Otro gallo cantaría. Y para qué voy a mentir, yo se lo digo por experiencia. Cuando se quiera acordar, ni la cerradura de la puerta de calle le va a hacer click, por más WD40 que le ponga. Y ahí sí que va a ser duro. Las noches son laaargas. Las de invierno porque no amanece nunca, y las de verano porque por más que una se lo proponga, el calor espanta al sueño, y una se la pasa de la cama a la cocina, de la cocina al baño, y del baño al living antes de volver a la cama, y vuelta a empezar. Y una se queja de esta rutina, pero es al cuete. Los gatos sólo maúllan como diciendo “yquéquerésquetehaga”, y el Fito, cuando me oye levanta una oreja, hace como que presta atención, mira lánguido y después la deja caer. No sé por qué, me da la impresión de que pone cara de “norompas!”. Y bue… yo ya estoy resignada, pero ella, ella que todavía está como para no quedarse sola… por qué, digo yo, por qué Dios le da pan a esta chitrula que no tiene dientes???

martes 4 de septiembre de 2007

Rescates - II - Gatos

Aún no había llegado un gato a mi vida cuando descubrí que la escritura tenía otras aplicaciones, menos prácticas que las que estaba aprendiendo en segundo grado, pero mucho más entretenidas. Cometí entonces mi primera poesía, de la que sólo recuerdo el verso Saavedra sale al balcón y proclama la libertad, carente de todo rigor histórico... ¡pero sonaba tan lindo!
Para la inevitable Composición Tema La Vaca saqué a relucir mi alma versera y de allí en más saqué patente de “Le Gusta Escribir”. Aunque no sabía aún para qué podría servirme, además de resultarle simpática a los profesores de Castellano y Literatura, empecé a gozar de cierta fama (más incierta que cierta) literaria. Sin que pudiera afirmar concretamente que ésa era mi vocación, creí oportuno empezar a guardar mis creaciones. Así fueron a parar a un cuaderno las rimas empalagosas y forzadas nacidas al rescoldo de mi amor por Pedros y Horacios.
Para rellenar sus páginas con algo más sustancioso y elocuente acudí a Bécquer con tanta ingenuidad como desparpajo. Puedo alegar en mi favor que Don Gustavo Adolfo se dejó plagiar sin decir esta boca es mía, y entre quienes tuvieron acceso a esos textos, nadie pareció percatarse de que las rimas que aparecían con mi firma no eran mías. Muchos años después, cuando me animé a contarlo, supe que ni siquiera en el plagio había sido original: muchos de mis coetáneos también se surtieron copiosamente en las obras de autores célebres.
Supongo que ése es un escalón casi obligado en busca de la propia vocación, escalón que sólo los genios pueden obviar. Los demás, los que sudamos más tinta de la que podemos llegar a usar, trajinamos un camino salpicado de sorpresas con gestos no siempre elegantes. Los cierto es que ninguno de nosotros, los otrora Plagiadores Adolescentes, fue en cana por aquella felonía.
Ahora bien: yo quería hablar de gatos. Todo el mundo habla de gatos últimamente, pero muy pocos los dejan bien parados. Quiero dejar en claro que no es la ancestral connivencia entre gatos y escritores lo que me impulsa a salir en su defensa. Pese a los tempranos escarceos literarios que he confesado más arriba, no hace mucho que asumí la condición de escritora como dato relevante de mi historia. Sí puedo decir que he criado infinidad de gatos y recuerdo a cada uno por su nombre; he disfrutado de su plasticidad, de su presencia fantasmal y de sus juegos. Me hundí hasta el fondo de sus pupilas tratando, aunque más no fuese, de rozar el misterio que revolean como una capa mágica al desplazarse. Y discutí con sus detractores cada vez que se me pusieron a tiro. Discutí con pasión, aún sabiendo lo inútil de mi defensa y la impermeabilidad de los acusadores de gatos.
Paradójicamente, en esta sociedad, la conducta de los animales se señala como ejemplo para los humanos, mientras con absoluta ligereza se tilda a éstos de “animales” cuando ponen en juego lo peor de sí mismos.
Sostengo que la Poesía, como los gatos, goza de “mala prensa”. Salvo Neruda y algunos pocos elegidos (y eso que gracias a “El Cartero” los poetas están pasando por una buena época), la confesión de que uno se dedica a semejante actividad consigue para quien lo haga reacciones heterogéneas, generalmente descalificatorias. Desde el poco académico “¿Lo qué?” hasta la mirada cargada de sorna y pena a la vez, que en el fondo y meneando la cabeza está queriendo decir “¡Pobrecito!”. Ser poeta es sinónimo de excéntrico y de no tener todas las chavetas necesarias. Ni qué decir si adhiere a la poesía de vanguardia. Y si además sale en defensa de los gatos ya está, al Borda sin escalas.
Ahora bien, no es la misma historia ser poeta que ser escritor. La poesía no paga. Los cuentos y las novelas tal vez. A menos que el poeta tenga otra actividad que lo sostenga económicamente estará destinado a penar por su sustento. Y si tiene trabajo —un regalo divino en estos días—, de todos modos su vida será una tortura, porque se verá obligado a alternar entre la lucidez necesaria para cumplir los horarios y formalidades de una vida “normal”, y la locura que le abra las compuertas de la inspiración.
Pero yo quería hablar de gatos y sólo consigo rondar el tema como un gato en celo que se quedó en la danza nupcial. Yo quería decir que atacar a los gatos no enaltece más a los perros, y que perros y gatos conviven en paz si los humanos no los acicatean. Que la Guerra Gato-Perruna es un invento del hombre, padre de todas las guerras. Que no conozco gatos desagradecidos ni traicioneros —como no hay perros— y sí humanos que compiten por el campeonato. Decir que los gatos hacen su vida y no joden a nadie a menos que los jodan.
Quería decir además que no es justo para la especie minina tener que prestarle su nombre a actividades, situaciones y adminículos que tienden a ridiculizarlos (eso sí... ellos ni se dan por enterados). Una prostituta cara no es menos prostituta porque se le diga gato. Si los rosarinos pusieron un gato en la parrilla es porque los proveedores que ellos mismos votaron no les entregaron las liebres prometidas (además deberían saber que ni gatos ni liebres son aptos para esa forma de cocción —Mirtha Legrand dixit—). Y si la otrora prima testa argentina dejó de coronarse con la bola de pelos ovillada y muy trucha que pasó a la historia como “el gato”, será porque aunque fuera un gato trucho seguramente huyó asqueado de tanta rata impune.
Gatos. Tan perseguidos, temidos y odiados como amados, cuidados e idolatrados. En vano tratan sus detractores de escarnecerlos. Ellos los ignoran olímpicamente y si la agresión pasa de las ideas a los hechos, se irán de esta vida con la satisfacción de haberla disfrutado siete veces.
Quiero a los gatos tanto como me repugnan ratas y ratones, pero en este punto no puedo saber si ambos sentimientos son paralelos e independientes o se realimentan mutuamente. Tampoco sé, si este último fuera el caso, cuál de los dos nació primero. Pero repito: amo a los gatos y me siento identificada con ellos.
En realidad, lo que quiero decir es que como poeta me siento un perfecto gato, pero despojado de cualquier significado ajeno a las virtudes y defectos de la especie.
Y que además tengo para colocar tres gatitos de aproximadamente dos meses. Muy lindos, sanitos y machitos los tres. La poesía no paga y ellos insisten en comer.

lunes 3 de septiembre de 2007

Rescates - I

Tengoquepublicartengoquepublicartengoquepublicar… ¿Y qué estoy haciendo con esto, sino poner en la vidriera las hojas de un libro sui generis a medida que van haciendo su ruta: mente-manos-teclado-pantalla-internet? Noeslomismo, dice la que nunca se animó y cierra los ojos horrorizada ante la visión de su libro emparejando las patas de una hipotética mesa. Tampocoeslomismo, me dicen los que me preguntan paracuándoellibro. Y aquí vendrían tantos y tantos párrafos dispersos en words y mails backapeados al bulto. Ha sido un tema recurrente, casi como Buda mirándose el ombligo. De todos, elijo un rescate reciente:

Tengo por costumbre escribir en los libros como para sentirlos más cerca... Quizá tanto como escribo libros, hago otras cosas que mis alrededarios ven, si no con disgusto, al menos con reprobación. Y quizá, también, tan malo como escribir esta página es hacerlo en este momento, en que todo lo que pueda decir no es azul precisamente. Tengo mi propio "Sujeto y Predicado" que voy leyendo a empellones, de a ratos. Tengo también este sujeto vivo en mí, que compone predicados absurdos algunos, lógicos otros, y crea verbos para seguir andando las más de las veces. Soy un poco sujeto que va predicando por las horas incesantes su propio evangelio de ansiedad y preguntas, de razones y miedos. Soy sujeto en crisis que pugna por desatarse en un predicado de palabras.
[Dedicatoria para C. en “Sujeto y Predicado”, de Carlos Enrique Urquía. 4 de mayo de 1976].

Veinte años no es nada, pero más de treinta merecen por lo menos un brindis! Me sorprendiste, y muy gratamente, al devolverme un pedacito de mí misma, porque mucho de lo que soy es lo que escribo... porque mucho de lo que escribo es lo que soy. Después de tantas y tantas mudanzas —no quieras saber cuántas— hasta aterrizar de nuevo aquí, en la casa de los viejos, donde estoy construyendo mi lugar, sigo arrastrando cajas con papeles. Son viejos papeles escritos, borroneados, que me resisto a tirar, como todo el mundo me aconseja, porque sé que entre ellos todavía hay láminas de mí misma para rescatar.
¿A qué viene esto de los papeles que arrastro? A que más de una vez me sorprendo al encontrar entre esos papeles, o al repasar mis libros, cosas que no recordaba haber escrito. Son mías, mi letra me delata. Escritos en los que vuelvo desde la que fui para decirle a la que soy que ya no se pregunte si esta manía de escribir es talento o sólo oficio. Aquella que fui me dice que escriba nomás, que me largue. Que borre el miedo de ser quien me toca ser con las palabras que sigo dando a luz a través del tiempo. Y vos, por empeño o por azar —¡quién sabe!—, guardaste esta dedicatoria que no recordaba haber escrito y me la devolvés justo cuando la estaba necesitando.
Fuiste parte de mi vida en un tramo muy extraño, conociste a una Jose que ya casi nadie recuerda. Nos debemos una larga charla, quizás para hacer las paces con una historia que no fue. Después no nos quedará más remedio que ser amigos. Y no te quejes por eso... En cuanto a los amigos, loca o no, les da lo mismo. / Me aman más allá de cuanto escriba, / les guste o no, entiendan o no. Y además, / las pizzas me salen bien y juntando tréboles no jodo a nadie (de “Carne cruda, o La simulación de mi cordura”, 25-10-1998).
Gracias por este pequeño rescate, tan importante para mí.