PatriaPatria
Desde esta vereda de la Historia
la Patria se somete con angustia
a la indiferencia que nos lanza hacia el futuro.
Patriaingenua.
Fuiste seducida con absoluta precisión
por los discursos ambiguos
que entre uno y otro escándalo
nos fueron metiendo de prepo
capatrascapa de barniz
hasta anestesiarnos la conciencia.
Patriaimpotente.
La clave de tanta vacuidad no te es ajena,
pero poco o nada te sirve conocerla.
Ahí van esos fulanos que te invocan
para seguir cobrando un sueldo-excusa
pase libre a un año verde que solamente madura para ellos.
PatriapobrePatria
con la excusa del quirófano y la urgencia
te dejaron desnuda y esperando,
tan desnuda
que a esta altura
ya nadie se da cuenta o no le importa.
Tan escuálida y frágil
que sólo los viejosmuyviejos,
con tiempo de sobra
para recordar con todos los detalles,
se acuerdan con ternura de tus espléndidas cuestiones.
PatriatristePatria.
Bienamada de los pibes de la calle.
Rinconcito solazado
donde jubilados, obreros y artistas
insisten en esperar el mes que viene.
Trapecio desde el que ellos nos empujan
y abajo nunca hay red
ni flores ni ambulancia,
ni siquiera nos esperan con la tumba abierta
para que al fin podamos descansar en paz.
Ellos siempre igual: nos invitan a subir al trapecio,
nos prometen cieloazul y aguafresca,
nos prometen más: maná y vientosuaves,
y una vez que estamos todos allá arriba,
coreando a puro verso su nombre y sus consignas,
nos empujan sin asco hacia el vacío,
nos obligan a cavar un hoyo con las manos
nos siguen mintiendo
sin vergüenza y sin escrúpulos
y mientras critican nuestros pobres calzones enlodados
revoleando puntillas en medio de la noche
alardean de los suyos reforzados.
PatriajenaPatria,
Patrianuestra.
Dolor rotundo que nos quiebra los pasos
y nos obliga a reírnos de nuestra propia renguera.
Porque es sabido: la risa no hace daño
y tan poco queda aquí de qué reírse
que ponemos la risa en el umbral
y a la primera mueca la soltamos.
PatriaPatria.
Figurita tresportres autoadhesiva,
argumento perpetuo del billiken,
lectura deletreada,
excusa insobornable
para que julio,
muy formal,
bien de mañanita y con helada,
nos encuentre tomados de la mano
tratando de seguir el ritmo
de un pericón eterno y desteñido.
Patriadesollada.
Confesionario donde todos se arrodillan
y dicen “A mí, cochino, pésame”
mientras siguen haciendo cochinadas.
Ay,
Patriadevaluada,
PatriaPatria.
No les bastó con los safaris por las cunas.
Las guerras son, por fuerza, todas sucias
pero ellos no lo saben, no lo aprenden,
no hay estadística capaz de convencerlos.
Entre el miedo atroz que reaviva la memoria
y el miedo solapado que anestesia,
para sobrevivir en lo inmediato
el que adormece corre siempre con ventaja.
Así, alegremente regresaron
y con la excusa de la paz
y una hermandad que repudio y me avergüenza
anidaron al amparo del olvido.
Los memoriosos no pudieron evitarlo
y los demás, hipnotizados, aplaudían
o a lo sumo miraban a otro lado.
Ellos,
impunes, cínicos, siniestros,
pusieron en marcha su politipopcorn,
y a fuerza de teflón y mucho cable
nos vendieron muy caro,
carísimo y en cuotas
una ventana a color y un control remoto
¡y a mirar... que ya se viene el primer mundo!
para que nos vayamos (claro) acostumbrando.
Y como si esto aún no fuera suficiente,
nos siguieron engrupiendo Patriamada.
Con el pretexto de la imagen
y del marketing
con siliconas rellenaron tus entrañas.
Pulposa al fin
y deseable por los bordes,
con la piel suavecita y estirada,
sucumbieron a sus instintos subterráneos
y metieron mano en todos tus rincones.
Abajo, bien abajo,
con la resignación desesperada
y la rabia que nos crece como púas
nosotros sostenemos este andamio,
esta triste pasarela de la infamia.
La dignidad, que empieza a ser molesta,
se enfrenta con instintos ancestrales
y opta por escurrirse poco a poco
haciendo mutis piadoso en los bolsillos.
Así,
nos vamos secando,
compactando.
El alma se hace fibra,
se ensombrece
y se acomoda casi con alivio,
al molde y al espacio que nos dejan.Un buen día,
con el último destello de conciencia,
bien sea por error
o por milagro,
una pregunta, cualquiera, se desliza
corrosiva y tenaz
como una lágrima.
Pero esta vez no es la respuesta lo que importa.
Que haya brotado una pregunta
ya es bastante:
la conciencia de nuevo reverdece
y la esperanza
multiplica el horizonte
para volver a soñarte
DulcePatria.
JLP - 14-IX-95
Doce años después pregunto por la pregunta.
