No ha sido fácil lidiar con ella, y a veces todavía me cuesta. El entrenamiento ha sido mutuo y cada una ha sido maestra y alumna de la otra. A conciencia o no, tejimos una historia compartida que hoy cumple 25 años. Como ella, Mariana.
Huellas-vallas
Blancos, grises, malvas.
A lo sumo opalinos
para apagar el inevitable tornasol del tiempo.
Así son mis días estos días.
Así se anuncia el futuro
y lo que queda.
Una cajita guarda mis tintas de colores,
un recurso falaz
para darle algo de vida a mi proyecto.
No tengo mucho más que eso.
Mis hijos,
que es decir mis anclas.
Ellos son lo importante,
pero ya andan solos por la vida.
Su historia es otra
afortunadamente.
No puedo evitar que vuelvan la mirada
hacia mis pasos
y no siempre
dan con las huellas necesarias.
Me esfuerzo.
Dejo marcas en las piedras.
Dejo besos alados en sus sienes.
Dejo abierto el portal
que los conduzca al fondo de mis ojos
donde arraiga la luz
que me une a ellos.
No siempre es fácil la visión que encuentran
y sabe más a valla
que a sendero,
más a entrenamiento que a medalla.
Algún día
a la vista de sus propios aciertos
tal vez adviertan que un obstáculo
es el mejor de los puentes
que esperaban.
JLP
20010122

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