lunes 20 de julio de 2009

Rescates - VII - Abrigo y llave



Transito por un largo tiempo sin palabras. Las que hay las necesito para subsistir —y Dios sabe cuánto me cuesta obtenerlas—. Sólo me queda acudir a mi memoria y al back up, y confirmar que el tiempo es como el cuento del Maestro, un "jardín de senderos que se bifurcan", pero también es cíclico y re-ciclable. Cristina F., para quien escribí hace 15 años (!!!) lo que sigue, seguramente no se opondrá a que comparta desde esta ventana las palabras de entonces para saludar a todos los que hoy merecen ser saludados. ¡Feliz día!


Abrigo y llave

Es época de encierro,
de mirar hacia adentro
hasta encontrar luz de sol en los rincones,
respuestas,
espacios azules,
y las cosas de perfil
para conocer su rumbo con certeza.
Es época cerrada,
protegida.
Hacia adentro,
donde se esconde el cielo
cuando nadie lo mira,
donde el aire burbujea
e intercambia señales con la vida.
Desde afuera,
las voces me traen coordenadas
para moverme por el mundo sin tropiezos.
Todo lo que existe es apenas
un lejano murmullo,
un carnaval lavado y deslucido
como un sueño que rebota por ahí
sin nadie
que quiera recordarlo.

Yo no sabía,
no creía estar tan aislada.

Fue su voz la que dijo soledad
cuando dijo tu nombre.
Su voz la que sacudió mi modorra
para mostrarte desnuda...
No, no te escondas,
no temas mostrar la piel del alma.
La soledad que abruma no es más que eso:
tener el alma desnuda
cuando no hay sol
y el frío se acomoda en los rincones.

No temas,
he visto soledades ajenas
y estuve desnuda mucho tiempo
para no sentir como propio
el frío de tu pena.
Tanto lo siento
y tanto
conozco el pudor con que pretendes
simular abrigo y tapadera al mismo tiempo
que casi no me animo a acercarme,
que casi me da miedo lastimarte
con decir solamente
“Estás desnuda”.
No quiero señalar tu soledad
como un espectáculo.
No quiero que nadie más te mire
y de mirarte
a la piel desnuda de tu alma
agregue heridas.

Yo,
—cubierta también de desnudeces—
aún desde el cubil
que mi búsqueda recorre y peregrina por respuestas
no quiero dejarte sola y sin abrigo.

Yo,
que trabajo con palabras,
disfruto con palabras,
y sueño con palabras,
he tejido este abrigo de palabras
intentando cubrir tu desnudez
y alejarte del frío.

Y si esto que te entrego,
de tan transparente
no te cubre,
y húmedo de lágrimas no abriga,
no temas decírmelo.
Esta noche,
cuando haga mi ronda desde el sueño,
voy a llevar los mapas estelares
para acercarme al sol lo suficiente
y traerme en el puño un pedacito.

Sigue desnuda, amiga,
que mañana,
cuando abras tu ventana,
aunque el cielo sea un corral de nubes,
y aunque el jardín se ahogue con la lluvia,
en el sauce que está frente a tu casa
habrá un sol pequeñito.
Es para tu alma.

¡Ah! Y cuando salgas,
ten cuidado.
En el umbral de tu puerta,
por las dudas,
dejaré dientes de león,
flores de trébol,
manzanilla,
y si consigo,
también un manojo de retamas.


Gracias, amiga.
Para tejer este abrigo de palabras
tuve que abrir la puerta.
Cuando vaya por el sol,
seguramente,
volveré con el alma muy caldeada.


JLP
13-VIII-94