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martes 11 de marzo de 2008

Rescates - VI - La canción del nido partido

Ayer, 10 de marzo, con un año y medio siglo a cuestas, los recuerdos me asaltaron sin orden ni concierto: manchas coloridas o tirando a sepia, rasgos, voces y hasta olores. El olor del pan de a bordo, el olor de los puertos, y allá lejos, el de amapolas, retamas y frambuesas que jamás pude extraer de ningún frasco. Y sin embargo, es a su persecución y a su ausencia a quien debo, en última instancia, la canción de mi médula, ésa que no puedo cantar, porque hasta cuando la recito se me quiebra la voz. La Canción para Norma y para Guido, en quienes nombro a tantos otros que desde lejos agitan pañuelos invisibles de despedida y bienvenida. Como yo misma lo hice siempre, hasta que conseguí ponerle palabras propias a este sabor que viene rebotando entre el corazón y los sentidos, entre la esperanza y la nostalgia.


Nido, Vuelo y Otros Cielos
o La Canción del Inmigrante


Para N. H. de M.

I

No te vayas
sin dejarme anidar en tus silencios,
sin esparcir el rocío presuroso
que mi sed de volar
bebe en el sueño.

No te vayas
sin haber aprendido que este cielo
pesa en la ausencia
y sólo puede medirse con nostalgia.
Aunque llenes la valija de recuerdos
el corazón no entiende
y la razón no alcanza.

Si allá,
adonde vas,
sientes que el aire
hace su trabajo indiferente,
que es siempre igual,
con tormenta o con calma.
Que recorre tu perfil
y no le importa
si tropieza con el surco de una lágrima.
Es que ese aire
con alardes de nobleza,
ahíto de historia y de museos,
involucra a la gente en sus cuestiones
y rehúye los abrazos y los besos.
Está todo muy claro:
reconoces
cortesía en el trato
y adviertes gentileza
en cada gesto...
Eso sí, tibia y formal,
nada de fervores.
De vereda a vereda
preguntarán por tu frío,
o querrán saber si acaso es fiebre,
pero a menos que lo pidas
no cruzarán la calle
para prestarte abrigo
o enjugar tu frente.

Y uno,
que anda alegre de amores,
satisfecho de hijos,
y ha zurcido la bolsa con alivio,
se da cuenta que está ansioso,
desolado, hambriento,
y aunque la vida siga igual
o aún mejor,
ya no es lo mismo.
Anda ansioso de afectos,
desolado de abrazos,
hambriento de cariño.

Y en esto —sabes bien por qué lo digo—
no habrá médico que acierte,
medicina que cure
ni amigo que te alivie.

II

Estas líneas prometidas,
demoradas,
hiladas con paciencia y regocijo
en la rueca de mis días,
tienen alma de espejo
y vocación de pájaro perdido.

Ya no puedo retenerlas mucho más.
Pronto se irán
hacia tu mano ansiosa,
que les ofrece primavera, sol y aromas
por recibir un poco de este otoño.
Tendrás suerte.
Cuando rasgues el sobre
un crujido de hojarasca
sorprenderá a tus dedos...
La paleta de Marzo,
entusiasmada de ocres,
rojos, cobres y dorados,
me contagió de árboles los versos.

Después,
desdoblarás estos papeles como un rito.
Buscarás,
con ojos húmedos,
el espejo detrás de las palabras
y un aleteo de visiones
en su ritmo.
Y tratando de entender lo que te pasa
descubrirás
que el verdín de la nostalgia
suaviza los rincones del recuerdo
y carcome las aristas del olvido.

Ahora sabes —ahora sé-,
que en la distancia
se crece de otro modo
porque se añora el nido.
Es el riesgo de volar:
que cielo y vuelo
te den otros caminos,
otros sueños,
y un dolor muy tenue,
como sal
sobre la miel que le saques a la vida.

Quien alguna vez partió
sabe de qué hablo.
Sabe también que no hay regreso
que lo salve,
porque al volver
habrá partido de otro sitio.

JLP
27-III-95

jueves 8 de noviembre de 2007

Rescates - V – De Patrias y en camino

Voy rondando, casi husmeando mis propias huellas, las que quedaron en papeles, y desde hace unos años aparecen en pantallas que van rescatando y trasladando lo previo de modelo en modelo. El tema me atraviesa, es una lanza que me esperó a bordo del Conte Biancamano, hizo blanco y aunque no consiguió derrumbarme, se quedó a vivir aquí, en este lugar, a medio camino entre el esternón y la axila, donde la vida teje con latidos y se deshace en nostalgias.
Para Gloria, ahora como entonces.

De Patrias

Quiero una hoja blanca
sin marcas ni señales.
Quiero decir lo mío,
suelo y cielo.
Que no es más mío
que tuyo,
todo es préstamo.

Para hallar el camino
hago un camino.

Para amar a la Patria
me la invento.


Si por azar
el Universo jugara a los plurales
y me viera enfrentada a lo distinto
amaría por Patria cada estrella
cada mundo y cometa,
y el vacío.

Mas por azar (¿quién sabe?)
soy terrestre
—Quiero decir,
que vine como todos, de visita—

Aquí uso traje de carne,
huesos, sangre
(ese encaje prodigioso de la Vida).
Pero es sólo el continente necesario
recipiente de un sagrado contenido,
la estación terminal donde
de tanto en tanto,
regreso,
muero,
nazco,
y me redimo.

Digo terrestre
y arrastro con nostalgia
una ausencia flagrante
que Alguien, con humor, me compensó con sueños
(ellos salen a volar... yo voy con ellos).

Soy terrestre, pedestre,
y me pregunto
¿Quién soy esta vez?
¿Qué juego me ha tocado?
Nací allá,
nací aquí,
y cada uno de mis días son de parto.
Aprendí con fervor y sin sospechas,
allá, aquí,
cuanto quisieron y pudieron enseñarme.

Y me sigo preguntando, todavía,
¿Quién soy esta vez?
¿Qué juego me ha tocado?

Esta vital ignorancia no me impide
ejercer los amores asignados:
“Amarás a tus padres, tus hermanos,
amarás a los otros y a tus hijos ¬
—especialmente a ellos—,
y amarás a la Patria”.


Es fácil con la gente: el amor brota y basta.
Después... ¿quién sabe?
Lotería, juego, empleo permanente,
vacación o vocación,
entre la gente
el amor circula, permanece,
se hace
y se deshace.

Pero la Patria...
La Patria no es redonda,
la Patria no tiene cuatro lados,
ni es una sola, ni me cela
(Quien me cela medra en bancos, blande espadas).

Algunas que la imitan,
pretenciosas e histéricas
se menean en tribunas
agitadas por voces que declaman.
(¿Puede alguien creer que son la Patria?)

Hay otras que parecen ser de mármol
y nada las conmueve,
tan estáticas.
Hay unas diminutas,
otras grandes y fuertes.
Y hay fronteras que siempre se desplazan.
Siempre alambres, puertas, límites,
y armas,
muchas armas,
mucha declamación
y toda la arrogancia.


Tanto han insistido en los rituales,
que la emoción aflora igual,
aunque la letra,
sin dudas ni rubores,
hable de Dios,
del Cielo
y de la lucha,
como si el adversario no tuviera
ni Dios, ni Cielo,
cadenas ni medallas.
Como si no fuéramos iguales.
“Que mi tierra, que el cielo y el sol,
que los vientos y las nubes...”

Como si todo fuera propio,
y todo
corriera el riesgo de ser arrebatado.
Como si no estuviéramos de paso.

Si el mundo es una Aldea,
donde todo es cercano,
y todo nos concierne...
¿no deberíamos ya olvidar los límites
y amarnos?

Patria
es el nombre
para la suma de todo lo que amo.


JLP
31-07-94

viernes 26 de octubre de 2007

Rescates - IV - PatriaPatria en las Vísperas

PatriaPatria

Desde esta vereda de la Historia
la Patria se somete con angustia
a la indiferencia que nos lanza hacia el futuro.

Patriaingenua.
Fuiste seducida con absoluta precisión
por los discursos ambiguos
que entre uno y otro escándalo
nos fueron metiendo de prepo
capatrascapa de barniz
hasta anestesiarnos la conciencia.

Patriaimpotente.
La clave de tanta vacuidad no te es ajena,
pero poco o nada te sirve conocerla.
Ahí van esos fulanos que te invocan
para seguir cobrando un sueldo-excusa
pase libre a un año verde que solamente madura para ellos.

PatriapobrePatria
con la excusa del quirófano y la urgencia
te dejaron desnuda y esperando,
tan desnuda
que a esta altura
ya nadie se da cuenta o no le importa.
Tan escuálida y frágil
que sólo los viejosmuyviejos,
con tiempo de sobra
para recordar con todos los detalles,
se acuerdan con ternura de tus espléndidas cuestiones.

PatriatristePatria.
Bienamada de los pibes de la calle.
Rinconcito solazado
donde jubilados, obreros y artistas
insisten en esperar el mes que viene.
Trapecio desde el que ellos nos empujan
y abajo nunca hay red
ni flores ni ambulancia,
ni siquiera nos esperan con la tumba abierta
para que al fin podamos descansar en paz.
Ellos siempre igual: nos invitan a subir al trapecio,
nos prometen cieloazul y aguafresca,
nos prometen más: maná y vientosuaves,
y una vez que estamos todos allá arriba,
coreando a puro verso su nombre y sus consignas,
nos empujan sin asco hacia el vacío,
nos obligan a cavar un hoyo con las manos
nos siguen mintiendo
sin vergüenza y sin escrúpulos
y mientras critican nuestros pobres calzones enlodados
revoleando puntillas en medio de la noche
alardean de los suyos reforzados.

PatriajenaPatria,
Patrianuestra.

Dolor rotundo que nos quiebra los pasos
y nos obliga a reírnos de nuestra propia renguera.
Porque es sabido: la risa no hace daño
y tan poco queda aquí de qué reírse
que ponemos la risa en el umbral
y a la primera mueca la soltamos.

PatriaPatria.
Figurita tresportres autoadhesiva,
argumento perpetuo del billiken,
lectura deletreada,
excusa insobornable
para que julio,
muy formal,
bien de mañanita y con helada,
nos encuentre tomados de la mano
tratando de seguir el ritmo
de un pericón eterno y desteñido.

Patriadesollada.
Confesionario donde todos se arrodillan
y dicen “A mí, cochino, pésame”
mientras siguen haciendo cochinadas.

Ay,
Patriadevaluada,
PatriaPatria.

No les bastó con los safaris por las cunas.
Las guerras son, por fuerza, todas sucias
pero ellos no lo saben, no lo aprenden,
no hay estadística capaz de convencerlos.
Entre el miedo atroz que reaviva la memoria
y el miedo solapado que anestesia,
para sobrevivir en lo inmediato
el que adormece corre siempre con ventaja.
Así, alegremente regresaron
y con la excusa de la paz
y una hermandad que repudio y me avergüenza
anidaron al amparo del olvido.
Los memoriosos no pudieron evitarlo
y los demás, hipnotizados, aplaudían
o a lo sumo miraban a otro lado.
Ellos,
impunes, cínicos, siniestros,
pusieron en marcha su politipopcorn,
y a fuerza de teflón y mucho cable
nos vendieron muy caro,
carísimo y en cuotas
una ventana a color y un control remoto
¡y a mirar... que ya se viene el primer mundo!
para que nos vayamos (claro) acostumbrando.

Y como si esto aún no fuera suficiente,
nos siguieron engrupiendo Patriamada.
Con el pretexto de la imagen
y del marketing
con siliconas rellenaron tus entrañas.
Pulposa al fin
y deseable por los bordes,
con la piel suavecita y estirada,
sucumbieron a sus instintos subterráneos
y metieron mano en todos tus rincones.

Abajo, bien abajo,
con la resignación desesperada
y la rabia que nos crece como púas
nosotros sostenemos este andamio,
esta triste pasarela de la infamia.
La dignidad, que empieza a ser molesta,
se enfrenta con instintos ancestrales
y opta por escurrirse poco a poco
haciendo mutis piadoso en los bolsillos.

Así,
nos vamos secando,
compactando.
El alma se hace fibra,
se ensombrece
y se acomoda casi con alivio,
al molde y al espacio que nos dejan.

Un buen día,
con el último destello de conciencia,
bien sea por error
o por milagro,
una pregunta, cualquiera, se desliza
corrosiva y tenaz
como una lágrima.

Pero esta vez no es la respuesta lo que importa.
Que haya brotado una pregunta
ya es bastante:
la conciencia de nuevo reverdece
y la esperanza
multiplica el horizonte
para volver a soñarte
DulcePatria.


JLP - 14-IX-95


Doce años después pregunto por la pregunta.

domingo 23 de septiembre de 2007

Rescates – III – Apuntes de Anatomía para el Tercer Milenio, o Esta boca es mía

Cuando en diciembre de 2006 recibí el mail “Anatomía”, remitido por mi amigo Tebu, antes de abrir el adjunto intuí que había llegado el momento que, en el fondo, siempre supe que antes o después llegaría. Y al abrirlo y leer las primeras palabras lo confirmé: allí estaban mis “Apuntes…”, ésos que me salieron de un tirón a fines de 1995, que se publicaron en la revista del CNSI como editorial del número de diciembre de ese año, con el título Apuntes de Anatomía para el 96 y mi firma. También lo imprimí y envié por correo o entregué en mano a mi gente como saludo de ese fin de año —por entonces el correo electrónico aún estaba en pañales, al menos en Argentina—. Muchos me llamaron para decirme cuánto los había emocionado su lectura, y hasta hubo quienes me pidieron permiso para fotocopiarlo y reenviarlo, permiso que jamás negué.
A fines del 2000, con la inspiración en baja, volví a elegir ese texto como saludo de año nuevo, cambiándole el título por Apuntes de Anatomía para el Tercer Milenio, que esta vez envié por e-mail. También, en varias ocasiones, lo mandé a distintos programas de radio y fue leído al aire.
¿Por qué cuento esto? No voy a negar que para mi ego fue una decepción no encontrar mi nombre al final del pps. Después de todo, si bien mis escritos personales no le dan de comer a mi cuerpo, aunque indudablemente sí a mi espíritu, algo de la individualidad reclama ser reconocido como propio.
Pero mis creencias espirituales van más allá de las circunstancias y me digo que bien puedo darle un buen par de cachetadas a mi ego para que se deje de joder y que ojalá esas palabras sirvan a quienes las lean para sentirse mejor y ser mejores personas. En la medida en que cada uno se sienta tocado por ese mensaje y trate de hacerlo suyo como propósito para los días por venir, sabré que mi granito de arena ha sido contado y está cumpliendo su función: la música que toca mi corazón empuja al Universo hacia adelante.

Apuntes de Anatomía para el Tercer Milenio

Que los PIES te lleven por el camino más largo hacia la felicidad, porque la felicidad son sólo puntos en el mapa de la vida, y el verdadero disfrute está en buscarlos.

Que los OJOS reconozcan la diferencia entre un colibrí y el vuelo que lo sostiene. Aunque se detenga, seguirá siendo un colibrí, y es conveniente que lo sepas, para que no confundas el sol con la luz, ni el cielo con la voz que lo nombra.

Que las MANOS se tiendan generosas en el dar y agradecidas en el recibir, y que su gesto más frecuente sea la caricia para reconfortar a los que te rodean.

Que el OIDO sea tan fiel a la hora del reproche, como debe serlo a la hora del halago, para que puedas mantener el equilibrio en cualquier circunstancia.

Que las RODILLAS te sostengan con firmeza a la altura de tus sueños y se aflojen mansamente cuando llegue el tiempo del descanso.

Que la ESPALDA sea tu mejor soporte y no la carga más pesada.

Que la BOCA refleje la sonrisa que hay adentro, para que sea una ventana del alma y no la vidriera de los dientes.

Que los DIENTES te sirvan para aprovechar mejor el alimento, y no para conseguir la tajada más grande en desmedro de los otros.

Que la LENGUA encuentre las palabras más exactas para expresarte sin que te malinterpreten.

Que las UÑAS crezcan lo suficiente para protegerte sin necesidad de lastimar a nadie.

Que la PIEL te sirva de puente y no de valla.

Que el PELO le dé abrigo a tus ideas, que siempre adornan más que un buen peinado.

Que los BRAZOS sean la cuna de los abrazos y no camisa de fuerza para nadie.

Que el CORAZON toque su música con amor, para que tu vida sea un paso del Universo hacia adelante.

Josefa La Porta - 29-XI-95


Queda claro entonces que el texto que antecede me pertenece, así como está, sin las “correcciones” que al mejor estilo juego-del-teléfono-roto, en las diferentes y sucesivas reproducciones, los copistas de ocasión le introdujeron sin darse cuenta, aunque en otros casos no me queda duda de que lo hicieron a sabiendas, pretendiendo ajustarlo al propósito, declarado o no, del espacio donde lo alojaron (léase sitios de iglesias cristianas de distintas orientaciones). Y me pertenece no porque lo haya comprado o pagado por él sino porque yo lo escribí, para bien o para mal. O lo que es lo mismo, para el halago o el cachetazo.
Por último, ruego encarecidamente que no le sea adjudicado a ningún autor conocido. Puedo soportar que aparezca por ahí como de autor anónimo o con un “desconozco el autor” al pie, pero sería una catástrofe para mi autoestima que Don Gabriel García Márquez salga a refutar su autoría manifestando "Lo que más me puede matar es la vergüenza de que alguien crea que de verdad fui yo quien escribió una cosa tan cursi", como lo hizo al referirse al poema “La marioneta”, que hace ya varios años está circulando en la web y se le atribuye en el contexto de un anuncio sobre su supuesta enfermedad y próxima muerte (ver http://www.rompecadenas.com.ar/marquez.htm).

martes 4 de septiembre de 2007

Rescates - II - Gatos

Aún no había llegado un gato a mi vida cuando descubrí que la escritura tenía otras aplicaciones, menos prácticas que las que estaba aprendiendo en segundo grado, pero mucho más entretenidas. Cometí entonces mi primera poesía, de la que sólo recuerdo el verso Saavedra sale al balcón y proclama la libertad, carente de todo rigor histórico... ¡pero sonaba tan lindo!
Para la inevitable Composición Tema La Vaca saqué a relucir mi alma versera y de allí en más saqué patente de “Le Gusta Escribir”. Aunque no sabía aún para qué podría servirme, además de resultarle simpática a los profesores de Castellano y Literatura, empecé a gozar de cierta fama (más incierta que cierta) literaria. Sin que pudiera afirmar concretamente que ésa era mi vocación, creí oportuno empezar a guardar mis creaciones. Así fueron a parar a un cuaderno las rimas empalagosas y forzadas nacidas al rescoldo de mi amor por Pedros y Horacios.
Para rellenar sus páginas con algo más sustancioso y elocuente acudí a Bécquer con tanta ingenuidad como desparpajo. Puedo alegar en mi favor que Don Gustavo Adolfo se dejó plagiar sin decir esta boca es mía, y entre quienes tuvieron acceso a esos textos, nadie pareció percatarse de que las rimas que aparecían con mi firma no eran mías. Muchos años después, cuando me animé a contarlo, supe que ni siquiera en el plagio había sido original: muchos de mis coetáneos también se surtieron copiosamente en las obras de autores célebres.
Supongo que ése es un escalón casi obligado en busca de la propia vocación, escalón que sólo los genios pueden obviar. Los demás, los que sudamos más tinta de la que podemos llegar a usar, trajinamos un camino salpicado de sorpresas con gestos no siempre elegantes. Los cierto es que ninguno de nosotros, los otrora Plagiadores Adolescentes, fue en cana por aquella felonía.
Ahora bien: yo quería hablar de gatos. Todo el mundo habla de gatos últimamente, pero muy pocos los dejan bien parados. Quiero dejar en claro que no es la ancestral connivencia entre gatos y escritores lo que me impulsa a salir en su defensa. Pese a los tempranos escarceos literarios que he confesado más arriba, no hace mucho que asumí la condición de escritora como dato relevante de mi historia. Sí puedo decir que he criado infinidad de gatos y recuerdo a cada uno por su nombre; he disfrutado de su plasticidad, de su presencia fantasmal y de sus juegos. Me hundí hasta el fondo de sus pupilas tratando, aunque más no fuese, de rozar el misterio que revolean como una capa mágica al desplazarse. Y discutí con sus detractores cada vez que se me pusieron a tiro. Discutí con pasión, aún sabiendo lo inútil de mi defensa y la impermeabilidad de los acusadores de gatos.
Paradójicamente, en esta sociedad, la conducta de los animales se señala como ejemplo para los humanos, mientras con absoluta ligereza se tilda a éstos de “animales” cuando ponen en juego lo peor de sí mismos.
Sostengo que la Poesía, como los gatos, goza de “mala prensa”. Salvo Neruda y algunos pocos elegidos (y eso que gracias a “El Cartero” los poetas están pasando por una buena época), la confesión de que uno se dedica a semejante actividad consigue para quien lo haga reacciones heterogéneas, generalmente descalificatorias. Desde el poco académico “¿Lo qué?” hasta la mirada cargada de sorna y pena a la vez, que en el fondo y meneando la cabeza está queriendo decir “¡Pobrecito!”. Ser poeta es sinónimo de excéntrico y de no tener todas las chavetas necesarias. Ni qué decir si adhiere a la poesía de vanguardia. Y si además sale en defensa de los gatos ya está, al Borda sin escalas.
Ahora bien, no es la misma historia ser poeta que ser escritor. La poesía no paga. Los cuentos y las novelas tal vez. A menos que el poeta tenga otra actividad que lo sostenga económicamente estará destinado a penar por su sustento. Y si tiene trabajo —un regalo divino en estos días—, de todos modos su vida será una tortura, porque se verá obligado a alternar entre la lucidez necesaria para cumplir los horarios y formalidades de una vida “normal”, y la locura que le abra las compuertas de la inspiración.
Pero yo quería hablar de gatos y sólo consigo rondar el tema como un gato en celo que se quedó en la danza nupcial. Yo quería decir que atacar a los gatos no enaltece más a los perros, y que perros y gatos conviven en paz si los humanos no los acicatean. Que la Guerra Gato-Perruna es un invento del hombre, padre de todas las guerras. Que no conozco gatos desagradecidos ni traicioneros —como no hay perros— y sí humanos que compiten por el campeonato. Decir que los gatos hacen su vida y no joden a nadie a menos que los jodan.
Quería decir además que no es justo para la especie minina tener que prestarle su nombre a actividades, situaciones y adminículos que tienden a ridiculizarlos (eso sí... ellos ni se dan por enterados). Una prostituta cara no es menos prostituta porque se le diga gato. Si los rosarinos pusieron un gato en la parrilla es porque los proveedores que ellos mismos votaron no les entregaron las liebres prometidas (además deberían saber que ni gatos ni liebres son aptos para esa forma de cocción —Mirtha Legrand dixit—). Y si la otrora prima testa argentina dejó de coronarse con la bola de pelos ovillada y muy trucha que pasó a la historia como “el gato”, será porque aunque fuera un gato trucho seguramente huyó asqueado de tanta rata impune.
Gatos. Tan perseguidos, temidos y odiados como amados, cuidados e idolatrados. En vano tratan sus detractores de escarnecerlos. Ellos los ignoran olímpicamente y si la agresión pasa de las ideas a los hechos, se irán de esta vida con la satisfacción de haberla disfrutado siete veces.
Quiero a los gatos tanto como me repugnan ratas y ratones, pero en este punto no puedo saber si ambos sentimientos son paralelos e independientes o se realimentan mutuamente. Tampoco sé, si este último fuera el caso, cuál de los dos nació primero. Pero repito: amo a los gatos y me siento identificada con ellos.
En realidad, lo que quiero decir es que como poeta me siento un perfecto gato, pero despojado de cualquier significado ajeno a las virtudes y defectos de la especie.
Y que además tengo para colocar tres gatitos de aproximadamente dos meses. Muy lindos, sanitos y machitos los tres. La poesía no paga y ellos insisten en comer.

lunes 3 de septiembre de 2007

Rescates - I

Tengoquepublicartengoquepublicartengoquepublicar… ¿Y qué estoy haciendo con esto, sino poner en la vidriera las hojas de un libro sui generis a medida que van haciendo su ruta: mente-manos-teclado-pantalla-internet? Noeslomismo, dice la que nunca se animó y cierra los ojos horrorizada ante la visión de su libro emparejando las patas de una hipotética mesa. Tampocoeslomismo, me dicen los que me preguntan paracuándoellibro. Y aquí vendrían tantos y tantos párrafos dispersos en words y mails backapeados al bulto. Ha sido un tema recurrente, casi como Buda mirándose el ombligo. De todos, elijo un rescate reciente:

Tengo por costumbre escribir en los libros como para sentirlos más cerca... Quizá tanto como escribo libros, hago otras cosas que mis alrededarios ven, si no con disgusto, al menos con reprobación. Y quizá, también, tan malo como escribir esta página es hacerlo en este momento, en que todo lo que pueda decir no es azul precisamente. Tengo mi propio "Sujeto y Predicado" que voy leyendo a empellones, de a ratos. Tengo también este sujeto vivo en mí, que compone predicados absurdos algunos, lógicos otros, y crea verbos para seguir andando las más de las veces. Soy un poco sujeto que va predicando por las horas incesantes su propio evangelio de ansiedad y preguntas, de razones y miedos. Soy sujeto en crisis que pugna por desatarse en un predicado de palabras.
[Dedicatoria para C. en “Sujeto y Predicado”, de Carlos Enrique Urquía. 4 de mayo de 1976].

Veinte años no es nada, pero más de treinta merecen por lo menos un brindis! Me sorprendiste, y muy gratamente, al devolverme un pedacito de mí misma, porque mucho de lo que soy es lo que escribo... porque mucho de lo que escribo es lo que soy. Después de tantas y tantas mudanzas —no quieras saber cuántas— hasta aterrizar de nuevo aquí, en la casa de los viejos, donde estoy construyendo mi lugar, sigo arrastrando cajas con papeles. Son viejos papeles escritos, borroneados, que me resisto a tirar, como todo el mundo me aconseja, porque sé que entre ellos todavía hay láminas de mí misma para rescatar.
¿A qué viene esto de los papeles que arrastro? A que más de una vez me sorprendo al encontrar entre esos papeles, o al repasar mis libros, cosas que no recordaba haber escrito. Son mías, mi letra me delata. Escritos en los que vuelvo desde la que fui para decirle a la que soy que ya no se pregunte si esta manía de escribir es talento o sólo oficio. Aquella que fui me dice que escriba nomás, que me largue. Que borre el miedo de ser quien me toca ser con las palabras que sigo dando a luz a través del tiempo. Y vos, por empeño o por azar —¡quién sabe!—, guardaste esta dedicatoria que no recordaba haber escrito y me la devolvés justo cuando la estaba necesitando.
Fuiste parte de mi vida en un tramo muy extraño, conociste a una Jose que ya casi nadie recuerda. Nos debemos una larga charla, quizás para hacer las paces con una historia que no fue. Después no nos quedará más remedio que ser amigos. Y no te quejes por eso... En cuanto a los amigos, loca o no, les da lo mismo. / Me aman más allá de cuanto escriba, / les guste o no, entiendan o no. Y además, / las pizzas me salen bien y juntando tréboles no jodo a nadie (de “Carne cruda, o La simulación de mi cordura”, 25-10-1998).
Gracias por este pequeño rescate, tan importante para mí.